martes, 15 de diciembre de 2015

Crossover Star Trek - Star Wars. 1


En el final del segundo año de la guerra contra el Dominion, 
la Federación y los imperios Klingon y Romulano acaban de sufrir una grave derrota 
frene a las fuerzas combinadas del jem’hadar, los cardassianos y los breen, 
que se han aliado con los Fundadores en su cruzada por conquistar y dominar los cuadrante Alfa y Beta. 
Pero gracias a la resistencia cardassiana de Damar han logrado contrarrestar el arma disipadora de energía breen, y tal vez el resultado de la guerra haya cambiado definitivamente.


Lo que desconocen es que desde las profundidades del espacio desconocido está a punto de surgir una nueva y misteriosa amenaza…

Los perros de la guerra
Capítulo 1. 
Primera parte

Deep Space Nine

            La señal del comunicador resonó en el camarote. Estaba programado a un tono más bajo de lo habitual, aun así Benjamin estaba acostumbrado a él. Alargó la mano hacia la mesilla de noche y lo presionó para evitar que volvieran a llamarle.
            – Soy Sisko – replicó este soñoliento.
            Capitán Sisko, le necesitan en operaciones – le anunció una voz metálica.
            – Ahora voy – dijo en voz baja para no despertar a Kasidy. Se incorporó, fregándose los ojos y tras desentumecer los músculos del cuello se levantó de la cama.
            Poco después el ascensor le dejaba en ops.
            – Tiene un mensaje del general Velal. Ha indicado que era muy urgente, señor – le informó la oficial de guardia a modo de escusa por haberle despertado.
            – Pásemelo a mi despacho – replicó Sisko subiendo las escaleras como tantas otras veces había subido.
            Se sentó detrás de la mesa y encendió la pequeña pantalla de comunicación que tenía encima del tablero. El símbolo de la Federación desapareció para dar paso al rostro del oficial romulano de enlace.
            – Siento molestarle a estas horas, capitán – se disculpó con seriedad. Lo cual no era raro en el general, pero en ese momento Sisko notó que tras la pétrea postura, casi institucional del romulano, había una preocupación más profunda en su mirada
            » Pero he de informarle que he recibido órdenes de mis superiores de regresar a nuestras fronteras, con todas nuestras fuerzas.
            – ¿Qué ha sucedido? – fue lo único que pudo preguntar Sisko desconcertado. Conocía que se habían producido varios ataques a planetas romulanos cercanos a la Zona Neutral, pero creían que había sido parte de una incursión breen o del jem’hadar para desviar fuerzas romualanas de la frontera cardassiana, pero en la última conversación que había tenido con Velal, este le había dicho que sus naves iban a permanecer desplegadas en sus posiciones actuales, listos para la siguiente ofensiva una vez descubierta la manera de evitar los efectos de las armas disipadoras de energía.
            – Nuestro territorio está siendo atacado. Lo lamento capitán. Pedí a mis superiores dejar un contingente patrullando, pero no pude convencerles – respondió Velal con pesar –. Todo esto es muy repentino.
            – Entiendo – dijo lacónico Sisko desconcertado al no recibir una explicación.
            – Buena suerte, capitán – se despidió el romulano.
            – Buena suerte a usted también – replicó Sisko antes de que en la pantalla volviera a aparecer el símbolo de la Federación.
            Sisko cogió la pelota de béisbol que tenía encima de la mesa y empezó a darle vueltas en su mano. Los romulanos eran imprevisibles pero aquello era inconcebible. No podía creer realmente lo que Velal le acababa de comunicar: retirar todas sus naves. ¿Pero por qué motivo? No tenía sentido que ahora se apartaran de la guerra. ¿Habrían firmado un nuevo acuerdo con el Dominion debido al nuevo rumbo que había tomado el conflicto con la entrada en la guerra de los breen? Era difícil, pero tratándose de los romulanos, desgraciadamente plausible.
            – Póngame con el almirante Ross en la Base Estelar 375 – pidió Sisko.
            – El almirante Ross se encuentro en tránsito hacia DS9 a bordo de la USS Sáo Paulo – respondió el oficial de guardia poco después.
            – Contacte con él y pásemelo inmediatamente – replicó Sisko –. Ahora póngame con el canciller Martok.
            – Muy bien, capitán.


            – ¡Romulanos! ¡Nunca debidos fiarnos de ellos! – ladró Martok en la Sala de Guerra pocas horas después. También se encontraba allí el almirante Ross, Worf, Kira y el legado Damar, los dos últimos habían realizado un rodeo antes de dirigirse a Cardassia Prime para poder coordinar los esfuerzos ante la inesperada marcha romulana de la guerra.
            – Según nuestras informaciones desde hace unos días se han producido diversos ataques a lo largo del territorio romulano – explico Ross –. Creíamos que podían ser ataques de distracción del dominion, pero ya se ha descartado esa posibilidad. Y no sabemos quién puede ser el responsable de esas incursiones, pero parece que la seguridad de Romulus está seriamente amenazada.
            – ¿Un nuevo ataque del borg? – preguntó Sisko.
            – No lo creemos – respondió Ross –. Aunque el alto mando confirma que están retirando naves de otros sectores. De la Zona Neutral, incluso de la frontera klingon. Se están reagrupando cerca de Romulus y otros planetas importantes.
            – ¿Sabemos dónde se han producido esos ataques? – preguntó Kira.
            – Por todo su Imperio. Los sensores de Deep Space 6 detectaron el primer ataque en el puesto avanzado de Gamma Centauri. Poco después Talvath informó de combates antes de enmudecer. En pocos días teníamos informes de más incursiones en sectores interiores de su territorio. La última agresión creemos que ha sido en Algorab, un puerto militar y una colonia con 187 millones de habitantes. Para entonces ya se habían retirado la mayoría de las naves de sus fronteras. Los lugares atacados están muy separados unos de otros, pero todos se han concentrado en los últimos días – respondió Ross.
            – Lo apremiante ahora es cubrir los agujeros que han dejado las naves romulanas en nuestras líneas del frente – indicó Worf, regresando la atención hacia lo que era prioritario en aquel momento: la guerra contra el Dominion.
            – En ese terreno espero poder contribuir. Me dirigía a cardassia para reunirme con gul Revok y el legado Goris que tienen intención de unirse a la resistencia – comentó entonces Damar –. Con ellos suman medio millón de soldados. También espero convencer a gul Seltan, cuya orden sumaría a 100.000 más. Con la garantía del apoyo de la Federación podría compensar parcialmente la retirada de las fuerzas romulanas.
            – Legado Damar será un honor poder contar con sus fuerzas – respondió Ross –. Su ofrecimiento es generoso y en estos momentos necesitamos toda la ayuda posible. Esos hombres serán muy valiosos para la victoria final.
            – Muy bien almirante – asintió Damar.
            – Canciller Martok ¿podría enviarnos más naves? – le preguntó entonces Ross.
            – Por supuesto. El destacamento del almirante K’Nera puede desplegarse en las posiciones que ocupaban los romulanos en la nebulosa Hugora – respondió este sin ocultar desprecio hacia sus antiguos aliados.
            – Por ahora no hay más que hablar. En el momento que haya novedades les serán comunicadas inmediatamente – dijo Ross levantándose y dando por terminada la reunión. Los asistentes hicieron lo mismo y empezaron a salir de la Sala de Guerra –. Capitán Sisko quédese un momento, por favor.
            – ¿Es grave? – preguntó Sisko ya solos.
            – Puede – respondió Ross volviéndose a sentar –. Hemos confirmado que el ataque no procede del borg. Lo cual es aún más preocupante porque nos deja sin enemigos conocidos. La Federación… no es. Los klingons tampoco, están demasiado debilitados. Ni los breen, ni los tholianos, ni los gorn o cualquier otra raza importante del cuadrante. Nuestros sensores de largo alcance indican que una de las bases romulanas atacadas es Horodogii con todos son los astilleros.
            – Descontando Romulus, ese debe de ser uno de sus sistemas más protegidos– puntualizó Sisko.
            – Otros objetivos que sabemos que han sido atacados son la base de Archernar, Zeta Pictoris en la frontera klingon o Rator junto a la Zona Neutral. También están acabando sus comunicaciones: desde pequeñas estaciones de escucha, hasta planetas fuertemente fortificados. Se mueven muy rápido y no creemos que los romulanos puedan localizarlos.
            – ¿Sabemos si ha habido algún contacto naval? – siguió preguntando Sisko.
            – En Talvath sí. Creemos que también en Rator, es... era una base de personal y abastecimiento que los romulanos han utilizado para aprovisionar a sus naves que se dirigían a luchar contra el Dominion. Pero no lo sabemos con certeza.
            – ¿Qué es lo que va a hacer la Flota?
            – El grueso de nuestras fuerzas está desplegada en la frontera cardassiana. Replegaremos las naves en espera de los acontecimientos – le respondió este y seguidamente relajó la preocupación de su rostro y cambió de tema –. Pero ahora me gustaría traspasarle los códigos de su nueva nave la Sáo Paulo. Le reservo una sorpresa.


            Sisko estaba en su despacho donde acababa de recibir una comunicación de Kira desde la nave del jem’hadar que estaba trasladándola a ella y a Garak y Damar a Cardassia Prime para unirse a las tropas del legado Goris. Sus noticias no podían ser más desalentadoras. Poco antes de llegar a su destino habían captado un mensaje del Dominion anunciando la muerte de Goris y de la erradicación de un número indeterminado de traidores. Por lo que las tropas prometidas por Damar para cubrir el repliegue romulano ya no estaban disponibles, habiendo causado una gran daño a la resistencia, lo que ahora regresaban a DS9 para reagrupar a sus fuerzas. Si hubieran llegado un poco antes ellos también habrían sido traicionados.
            Pero para Benjamin aquel no era un día de buenas noticias. Cuando aún no había acabado de asimilar la información de Kira, Martok entró como un torbellino en su despacho.
            – ¡Nunca debimos fiarnos de ellos! – gritó este lanzando encima de la mesa un padd klingon repitiendo la frase que había dicho tras conocer la retirada romulana. Sisko lo cogió y leyó el informe transmitido desde el cuartel general en Ty’Gokor, un lugar que conocía bien al haber ido a descubrir a un fundador que se había infiltrado en la cúpula del poder klingon para provocar tensiones entre las diferentes potencias del cuadrante Alfa y Beta.
            » ¡Nos han atacado! Tres puestos avanzados a lo largo de la frontera romulana han sido destruidos, junto a repetidores subespaciales a lo largo de varios sectores.
            – Lo sé, me acaban de informar de ello – replicó Sisko con calma. En su despacho también estaba Worf, al que había llamado nada más recibir el informe del Alto Mando, sabedor que en poco tiempo Martok aparecería iracundo –. ¿Está seguro que han sido los romulanos?
            – ¿Quién sino? ¿Ese enemigo que dicen que les ataca? Mentiras de esos… targs romulanos – Martok alzó el dedo furioso. Sisko no recordaba haberle visto nunca tan alterado –. No debimos habernos fiado de ellos. Han esperado a tenernos en la cuerda floja para volverse contra nosotros.
            – Según nuestros informes el puesto avanzado romulano de Nequencia también ha sido atacado – explicó Worf.
            – ¿Está seguro de eso? – ladró Martok desconcertado.
            – Nuestras bases a lo largo de la Zona Neutral lo han confirmado – respondió el klingon para intentar suavizar el estado de Martok –. Hay registros fidedignos de otros ataques a lo largo de su territorio. Todos ellos confirmamos.
            – No nos precipitemos Canciller – intervino Sisko para tranquilizarle también –. La Flota me ha pedido que le diga que una de nuestras naves, el Valkyrie se encuentra cerca de su frontera. Se encuentra a pocas horas de sus puestos atacados y podría socorrerlos.
            – Toda la ayuda será bien recibida, capitán – replicó Martok más calmado –. Por desgracia las circunstancias me obligan a regresar al Imperio y llevarme conmigo naves para proteger las fronteras.
            – Le comprendo, Canciller – respondió Sisko –. Por ahora las fuerzas del Dominion están a la espera. Como nosotros. Sé que si les necesitamos volverán.
            – Sí capitán. De eso no tenga ni la más mínima duda – dicho lo cual saludó a los dos oficiales de la flota y se marchó del despacho.
            – ¿Qué es lo que haremos? – preguntó Worf ya solos.
            – Nos replegaremos. Y esperaremos a que este nuevo enemigo desvele su identidad. Lo único que nos falta saber es: dónde. Y cuando.


USS Enterprise-E

            Las miradas de todos los oficiales superiores se clavaron en Picard cuando este entró en el Observatorio. Acababan de recibir un mensaje de máxima prioridad del Alto Mando de la Flota. Unido a la noticia de la retirada de las naves romulanas de los frentes de guerra se había extendido como la pólvora por toda la flota, tan solo cabía suponer que se estaba preparando algo importante.
            – Tenemos nuevas órdenes – anunció sentándose y les explicó la información que tenían sobre los ataques del territorio romulano y los que acababan de ocurrir en el Imperio klingon. Cuando acabó un silencio sepulcral se apoderó de la sala, los presentes se miraban unos a otros con patente preocupación. Todos habían pasado momentos sombríos: los ataques borg, la guerra civil klingons, las tensiones contra los romulanos, o más recientemente los combates contra el Dominion, la conspiración alienígena del 2364 y tanto otros que era difícil enumerarlos. Y aquello parecía tan sombrío como cualquiera de ellos –. El Alto Mando nos ha ordenado dirigirnos a la Zona Neutral Romunala más meridional, cerca de la frontera klingon.
            – ¿Otra vez? – intervino Riker recordando las órdenes recibidas durante la segunda incursión borg mientras sus compañeros intentaba interceptarla en el sector Thyfoon.
            – Eso parece. Allí nos encontraremos con el Jupiter y la Tirpitz. Más adelante se nos unirá el Valkyre que en estos momentos ha ido en auxilio de los puestos klingons atacados. Nuestra misión es patrullar la zona e intervenir si detectamos actividad extraña u hostil. En un principio tan solo si esta amenaza a territorio federal, pero si es necesario también podríamos penetrar en territorio klingon. El nuevo canciller ha dado permiso. ¿Alguna pregunta?
            Nadie dijo nada. Picard asintió y se levantó, dirigiéndose al puente con el resto de su oficialidad. Sabían que tenían que preparar la nave y a su dotación para la guerra. Todos ocuparon su posición: Riker a su derecha, Deanna a la izquierda, Data en operaciones, el teniente Daniels en tácticas, Geordi en la consola de ingeniería y Beverly, su más fiel amiga, detrás de él.
            – Alférez Perim, ponga rumbo a la Zona Neutral Romulana – le ordenó Picard a la joven piloto trill, al tiempo que se estiraba el uniforme se acomodó en su asiento, alargó el dedo índice y dirigiéndolo hacia delante dijo –. Engage!


            Habían permanecido varios días en la posición de patrulla escrutando el interior del territorio romulano con sus sensores de largo alcance. Como capitán más veterano Picard tenía el mando del pequeño grupo de tareas formado por las tres naves estelares. Y como sus órdenes eran algo ambiguas habían permanecido a la expectativa, sin detectar nada importante, en realidad tenían la sensación de ser espectadores impotentes de sucesos que estaban completamente fuera de su control. Los canales subespaciales romulanos habían reducido drásticamente su actividad, tan solo interrumpidos por alguna llamada de emergencia esporádica por la que no podían hacer nada. Los puestos avanzados romulanos conocidos estaban en completo silencio y no habían visto señales de distorsión de curvatura al alcance de sus sensores. La capitana T’Yua de la Tirpitz había sugerido enviar varias sondas de largo alcance para poder descubrir más cosas más allá de lo que ya habían observado y que no les había suministrado ninguna información importante. Y Picard estaba a punto de aceptar la sugerencia cuando recibieron una llamada de emergencia, pero del interior del territorio de la Federación: la Base Estelar 234 estaba siendo atacada.
            Las tres naves desaceleraron al entrar en el sistema. La Base Estelar 234 era una de las más importantes del sector: desde allí Picard había partido con una armada para realizar el bloqueo de la frontera romulana durante la última guerra civil klingon.
            – ¿Qué indican los sensores? – preguntó Picard.
            – Hay muchos restos flotando en el espacio – informó Data –. Corresponden al dique seco de la base y las naves Antanike y Xoik. En la superficie las instalaciones han sido atacadas y las poblaciones civiles bombardeadas.
            – ¿Supervivientes? – siguió preguntando Picard cada vez más tenso.
            – No hay señales de cápsulas salvavidas en órbita, pero han tenido tiempo de poder descender hasta el planeta – prosiguió Data –. Localizo muchas formas de vida entre los restos de la base.
            – Doctora Crusher, trasladaremos a su un equipo médico inmediatamente – ordenó Picard a través del comunicador –. Pónganos en órbita alférez.
            La Enterprise se acercó al planeta de clase M y nada más entrar en el radio de acción del transportador el grupo de la doctora Crusher se materializó en la superficie.
            La base estelar ocupaba una gran extensión en una de las planicies de la costa, no lejos de una de las ciudades más grandes. Además de los edificios administrativos y de mando contaban con un importante centro médico, así con otros de logística e ingeniería que eran parte del soporte planetario del dique orbital que se ocupaba de la reparación y mantenimiento. También había zonas de recreo y las viviendas de los miembros de la Flota.
            Lo que vio la doctora Crusher y su equipo fueron la mayor parte de los edificios destruidos. No había ninguno que hubiera salido indemne del fuerte bombardeo, mientras columnas de humo negro se elevaban de las montañas de escombros incandescentes en que se había reducido la base. Aun así el personal superviviente ya había empezado a rescatar a sus compañeros, organizando una zona de primeros auxilios en la explanada entre varios edificios, otros voluntarios se dedicaban a apagar los incendios, mientras varias lanzaderas sobrevolaban la zona.
            Tras un rápido vistazo a aquel desolador espectáculo Beverly cogió el tricorder que tenía en el cinto, lo abrió y empezó a buscar heridos. El resto de su personal médico, así como los miembros de seguridad que habían bajado con ella, empezaron a hacer lo mismo.
            Otros grupos procedentes del Jupiter y la Tirpitz se habían transportado también al planeta, el primero en la ciudad más cercana, también alcanzada en el bombardeo, mientras que el segundo lo había hecho al otro extremo del perímetro de la base.
            Beverly no tardó en encontrar al primer superviviente. Estaba en el edificio principal, resguardado en el hueco de una escalera que se había derrumbado, que le había protegido del resto de escombros. Tan solo tenían algunas contusiones y quemaduras superficiales, pero presentaba síntomas de un gran chock.
            – No pudimos defendernos… – dijo en un susurro mientras Beverly le regeneraba el tejido quemado y le aplicaba un sedante.
            – Ahora no hable teniente. Ha de recuperarse – le respondió con calma.
            – Aparecieron de la nada. No teníamos defensas…
            – Tranquilícese, es una orden. Descanse.
            – Sí comandante…


Deep Space Nine

            Tras la precipitada marcha romulana del frente y el desmantelamiento de la resistencia de Damar la guerra parecía haberse estancado, como si cada bando estuviera esperando a los acontecimientos. Las noticias procedentes de la zona de la Federación más allá del Imperio Romulano eran poco tranquilizadoras: se habían detectado combates a lo largo de todo su territorio, las comunicaciones se habían derrumbado, sumiendo a los romulanos en un extraño e intranquilizador silencio. Poco después los ataques se habían extendido al Imperio Klingon: puestos avanzados, colonias y repetidores subespaciales habían sido los primeros objetivos. Martok había regresado para organizar la defensa, distribuyendo naves y recursos, preparándose para el siguiente combate, que nadie sabía dónde se podía producir. Y sin esperar mucha empezaron los ataques contra la Federación. La primera en ser arrasada había sido la Base Estelar 234, pero no tardaron en correr la misma suerte la zona más allá del territorio klingon en el cuadrante Beta. Las Bases Estelares 105, 117, los planetas Tessen, Tyrellia, Boradis. Las naves allí eran pocas, pero se desplegaron para proteger los puestos avanzados y colonias.
            – Capitán Sisko, hemos recibido un informe inquietante del K’Tumbra – empezó informando el almirante Ross tras aparecer su imagen en la pantalla que tenía Benjamin sobre su mesa –. Según sus sensores se ha producido un ataque en el sistema Pelosa, en el Sector 507.
            – ¿No es donde estaba ubicada la factoría de ketracel-blanco según Weyound 6? – le interrumpió Sisko.
            – Así es – le confirmó Ross apesadumbrado –. Eso no es todo, la Base Estelar 718 ha sido destruida, junto a las cinco naves que en ese momento se encontraban allí. Y hemos perdido toda comunicación con Romulus. Cabe suponer que han atacado la capital del Imperio. Aún no tenemos más datos.
            Sisko no supo que decir ante aquella nueva información. Ataques en el cuadrante Beta y en el Alfa simultáneamente. El Imperio Romulano con una actividad mínima que invitaba a especular sobre una aplastante derrota y ahora más ataques sobre los klingons, la Federación y también en territorio Dominion. ¿Quiénes podían ser tan poderosos como para iniciar una invasión a gran escala a aquella parte de la galaxia?
            – Benjamin, en el momento que sepa algo más, le informaré.
            – Gracias, almirante.
            – Ross fuera – dijo este y la pantalla se apagó.
            Sisko se levantó de la silla y empezó a pasear por su despacho pensativo. Recordando los siete años que había pasado en aquel lugar, que ya consideraba su hogar. Al principio había tenido que soportar las constantes provocaciones de los cardassianos. Luego apareció el Dominion y las tensiones que eso provocó en todo el cuadrante. La invasión klingon y las posteriores disputas, para acabar con la llegada del Dominion a Cardassia. Y finalmente la guerra, que se encontraba en un momento decisivo con la rebelión de Damar y la entrada en el conflicto de los breen. Eso sin olvidar la enfermedad que en aquel momento estaba matando a la Gran Unión. Se palpaba el final del miserable conflicto que tantas vidas habían segado, con miles de naves destruidas y decenas de planetas desolados y ahora se manifestaba una nueva amenaza. Parecía que hubieran llegado en el peor de los momentos.
            ¿O por el contrario aquel nuevo enemigo había atacado precisamente entonces? Fue su sombrío pensamiento.
            Sin el apoyo de sus recursos en el cuadrante Gamma el Dominion estaba exhausto. Y en esos cálculos incluía a las fuerzas cardassianas que se encontraban muy debilitadas tras la invasión klingon del 2372 y la prolongación de aquella devastadora guerra. Eso lo demostraba la recién alianza con los breen, a saber a qué precio. Por otro lado la Alianza de la Federación, los klingons y los romulanos también empezaban a flaquear. Las pérdidas de Chin’toka: con un total de 311 naves había minado mucho los recursos de todos los bandos. Sin olvidar las pérdidas que los ya de por sí debilitados klingons habían sufrido hasta que se había logrado evitar el efecto de las armas de disipación de energía breen.
            Y ahora aparecía aquella amenaza. ¿De dónde habrían salido? ¿Quiénes eran? Sus intenciones eran claramente hostiles. ¿Pero que habría detrás de esos ataques?
            Tras pensarlo detenidamente salió de su despacho y se dirigió a sus habitaciones. Allí encontró a Kasidy.
            – ¡Oh Benjamin! ¿Qué haces aquí tan pronto? – le preguntó al entrar. Estaba radiante, se dijo Sisko al verla. Y sabía que lo que tenía que decirle, no le gustaría.
            – Quería decirte que… quiero que abandones Deep Space Nine.
            – ¿Por qué? – le preguntó sorprendida.
            – Es peligroso – y le explicó a grandes rasgos lo que estaba sucediendo con los romulanos, los klingons y ahora con la Federación y el Dominion.
            » Tan solo deseo que estés segura. Tú, Jake y nuestro hijo – le dijo casi en un susurro para acabar su explicación de la situación. Estaban estirados en el sofá, cogidos de la mano –. La estación no lo es. Quiero evacuar a todos los civiles. Tu incluida. Por favor.
            – Te quiero Benjamin – le replicó Kasidy besándole la nave –. Y creo que mi lugar es estar aquí. Contigo. Pero si te sientes mejor, me iré.
            – Solo hasta que pase el peligro.


USS Enterprise-E

            – Hemos encontrado ciento veinte supervivientes – le informó Beverly a Picard varias horas después en su despacho. La enfermería de la Enterprise estaba repleta de los casos más graves, muchos de los cuales eran críticos y se debatían entre la vida y la muerte. Jean-Luc podía ver el agotamiento de su jefe médico en su cara –. La mayoría por quemaduras o por aplastamiento. El doctor Ferihd del Jupiter me ha indicado que tiene casos similares. Aunque por suerte en la ciudad no alcanzaron el hospital y la mayoría de sus heridos están allí.
            » Ha sido espantoso Jean-Luc – le dijo entonces Beverly acomodándose en su silla –. No recuerdo algo similar. La mayoría de los cuerpos estaban… carbonizados. Incinerados como… como ganado. Hombres, mujeres, niños. Más de mil muertos. Y esa cifra tan solo es en la base. En la ciudad son muchos más.
            – Sé que has hecho un buen trabajo, Beverly. Pero tendrías que descansar – le recomendó Jean-Luc.
            – Lo sé, pero hay muchos heridos. ¡Incluso he tenido que activar por segunda vez ese maldito médico holográfico! – dijo esgrimiendo una leve sonrisa. Lo odiaba, y estaba segura que el siguiente paso sería suprimir al personal médico de las naves por aquellos infernales programas.
            – ¿Puedo hablar con algún superviviente?
            – Sí. Acompáñame – le respondió ésta levantándose de su silla. Atravesaron la enfermería y se dirigieron a las instalaciones adjuntas, había tantos heridos que habían tenido que colocar camas plegables en las salas aledañas, donde la enfermera Ogawa atendía en ese momento a un joven oficial.
            Al ver a Picard el teniente intentó levantarse de la cama para ponerse firmes, pero Ogawa logró impedírselo. Aun llevaba su uniforme chamuscado por todo el costado derecho y se veían claramente las partes cicatrizadas de las quemaduras de su cuello. Según le había dicho a Beverly estaba en la sala de operaciones de la base en el momento del ataque.
            – Descanse – le pidió Picard con amabilidad.
            – Estábamos en alerta amarilla – empezó a explicar –. Pero aparecieron de repente. Como surgidos de la nada. No nos dio tiempo a alzar los escudos cuando ya estaban disparando contra el dique en órbita y a la Xoik. Toda su tripulación de benzites fue la primera en caer. Inmediatamente después empezó el bombardeo orbital.
            – ¿Cuántas naves eran? – preguntó Picard.
            – Según los sensores ocho. La más grande medía novecientos metros, más grande que la clase Sovereign, señor. Las otras eran más pequeñas, otra creo que tenía seiscientos. Entonces me ordenaron ir al generador de la base porque había empezado a fallar. El impacto directo en el edificio me alcanzó en las escaleras.
            – Gracias teniente. Ha sido de mucha ayuda – dijo Picard –. Ahora recupérese.
            Dicho esto salió de la sala de observación junto a Beverly.
            – ¿Hay alguna novedad? – preguntó esta antes de separarse.
            – Hemos perdido contacto con Romulus – le explicó Picard –. Pero eso no es todo. Según los klingons se han producido más ataques en su territorio, entre ellos Ty’Gokor. Y la red de estaciones de repetición subespacial de este sector y de otros colindantes han empezado a callar.
            – Una invasión a gran escala por todo el cuadrante.
            – Más que eso Beverly. Parece que el Dominion también ha sufrido varios ataques. Pero no están confirmados. Puede ser el preludio de algo peor…
            – ¿Tenemos ordenes? – le preguntó entonces.
            – Todavía no. Pero no creo que nos mantengamos aquí mucho tiempo. Han empezado a reagrupar a la Flota en los sectores centrales de la Federación.



Continuará...

2 comentarios:

  1. buenas tardes... me acabo de tropezar con este relato... pero no termino de entender... de donde sacaste esto... a sido publicado en algún lado?... lo inventaste tu?... si es así, esta muy bueno... agradecería la aclaratoria...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola,

      Este relato es simplemente como me gustaría que se hubiera desarrollado un crossover entre dos de los universos de ciencia-ficción que más me gustan: Star Trek y Star Wars. Esta es su primera publicación, me gustaría en breve recopilarlo en una página web específica, pero por ahora aprovecho mi blog para que quien quiera pueda leerlo.

      De donde lo saqué: como escritor de mí cabeza y de las horas y horas que he pasado viendo Star Trek y Star Wars. Y por tanto sí es inédito e inventado por mí. Aunque como verás hay muchas referencias y alusiones a los sucesos de las series y películas que como aficionados ya conocemos. Utilizo gran cantidad de personajes, digamos oficiales de ambos universos, pero también otros de cosecha propia, sobre todo de Star Wars.

      Para aclararte algo sobre la historia: empieza cuando la Federación está a punto de ganar la guerra contra el Dominion, para ser exactos justo antes del penúltimo capítulo de Deep Space Nine, The dogs of war (DS9, 7.24). En ese momento las potencias conocidas de la galaxia empiezan a sufrir una serie de ataques de un misterioso enemigo… Este primer capítulo está escrito desde el punto de vista de los personajes de Star Trek, y a partir de los siguientes se irán introduciendo diversos personajes del universo de Star Wars: el moff encargado de invadir la Vía Láctea, el almirante Vantorel, los responsables de la inteligencia imperial, y por supuesto los valerosos rebeldes… Poco a poco se va explicando que ha pasado y como se desarrolla la invasión, la resistencia a la ocupación y liberación de la Federación, los imperios klingon y romulano y otros muchos planetas.

      Espero que esto haya aclarado tus dudas. Por favor, no dudes en preguntarme cualquier otra cosa que quieras saber. Y sobre todo espero que te siga gustando y vayas leyendo las diferentes entregas y por supuesto te invito a comentar cualquier cosa.

      Un fuerte saludo,
      LLorenç Carbonell

      Eliminar